Dic 10, 2008

Enviado por David Benavides Velázquez | 0 Comentarios

El Aeropuerto contra la gente

Hay una bomba de tiempo en la ciudad de México y no fue colocada por terroristas sino por el Estado Mexicano de la era del PRI. Me refiero al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), el mismo al que iba Mouruiño cuando murió y se llevó con él a 14 personas más. El mismo aeropuerto por el que han entrado toneladas de droga colombiana y por el que han salido, prófugos de la justicia, los más diversos capos. Ese aeropuerto es un ejemplo por antonomasia de privilegios privados con riesgos públicos.

El accidente de Mouriño dejó claro que cualquiera puede morir por el sólo hecho de ir caminando por la calle bajo la ruta de aterrizaje de aviones y avionetas. En un ensayo previo critiqué esto porque no todos pueden darse el lujo de volar pero todos podemos morir por causa de los que vuelan. Alguien podría argumentar que no siempre se vuela por lujo, que muchos vuelan por motivos de trabajo o incluso por motivos de salud. Para estas personas, el avión no es un lujo sino una necesidad. Yo podría aceptar este argumento e incluso llegar más lejos: la ilusión de volar es tan frecuente en los seres humanos que en lugar de restringir la posibilidad de hacerlo deberíamos extenderla hasta que todos tengamos acceso a ella. Pero cuando estas ideas teóricas aterrizan en el AICM se estrellan con la triste realidad. Si quieres llegar pronto a Acapulco, mejor toma la carretera, porque lo que vas a esperar antes de abordar es más de lo que te hubiera tomado llegar en autobús. Y si quieres llegar a La Paz (Baja California Sur) para dar una conferencia y regresar el mismo día lo peor que puedes hacer es reservar un vuelo en Aeroméxico. Esa línea aérea funciona como si vendiera jitomates y no parece tener la menor idea de lo que significa, para el usuario, el servicio que debiera prestarle.

Me explico: el 28 de noviembre de 2008, una de las invitadas especiales al congreso de Ciencias Forenses en La Paz llegó puntualmente con su reservación al AICM. Le dieron pase de abordar (lo que implica que su reservación fue confirmada) y en el último momento le dijeron que no estaba en la lista y que el vuelo ya estaba cerrado. El avión se fue sin ella y le ofrecieron otro boleto para un vuelo posterior. Si ella dispusiera de las horas necesarias para esperar el otro vuelo se hubiera podido ir en autobús, pero Aeroméxico no parece entender la diferencia entre optar por el autobús o por el avión. Aeroméxico funcionó como quien vende jitomates: si te sale uno malo te lo cambio por un chayote. A la empresa no le importó que una conferenciante que tenía que presentarse en un congreso perdiera el vuelo por un error de ellos, por un error de Aeroméxico. Ni siquiera tuvieron el criterio para darse cuenta de que si ella ya tenía el pase de abordar era porque tenía derecho a hacerlo, y si no aparecía en la lista de quien le impidió el paso era la lista la que estaba mal y no ella.

En otras partes del mundo este tipo de problemas puede darse cuando se venden más boletos de los debidos, pero en ese caso ubican a los pasajeros en primara clase (donde por lo general hay lugar) y no le niegan el servicio a alguien que ya pagó por él. Quienes saben que venden vuelos y no jitomates saben que el tiempo es importante.

En México, sin embargo, se dice que Aeroméxico es una de las mejores líneas aéreas y ante la evidencia me pregunto ¿cómo estarán las peores? Si no saben imprimir una lista de pasajeros ¿sabrán aterrizar un avión? ¿le conviene esto a los usuarios? ¿le conviene a quienes caminan tranquilamente bajo alguna ruta aérea? La ineptitud de Aeroméxico es la punta del iceberg de un problema que puede costar vidas humanas. ¿Quién morirá en el próximo accidente? ¿Hasta cuándo van a sacar el aeropuerto de la zona urbana? ¿hasta cuando el Estado Mexicano va a cumplir con su obligación de proteger a los ciudadanos del abuso de las empresas? Mientras tanto, la próxima víctima puedes ser tú, aunque nunca hayas volado, aunque sólo vayas caminando por la calle.

David Benavides Velázquez

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