Nov 8, 2008

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La comodidad de Mouriño

La caída de una avioneta en la Ciudad de México ha llevado a los medios a volcar su atención en algo que no parece tan importante. Los detalles técnicos que se dan a conocer en conferencias de prensa parecen muy alejados de la población que no siente especial cariño por Mouriño ni por ninguno de los demás pasajeros de la nave. Ha sido un error político de Calderón el no darle más atención a las víctimas en tierra, pues ellos fueron las víctimas inocentes. Es comprensible que Calderón cometa errores políticos después de que muere uno de sus más cercanos amigos, pero no se justifica que él y los medios omitan información acerca de por qué esto nos debe importar a todos.

Que si fue un accidente o que si fue un atentado le da igual a un ciudadano que trabaja honestamente para ganar el sustento. Pero que puedan caerle avionetas en la cabeza no es de tomarse a la ligera. El vuelo de aviones y helicópteros sobre cualquier ciudad es un caso notable de beneficios privados y riesgos públicos. Sólo una pequeña minoría se beneficia de la posibilidad de volar, pero los vuelos de esa minoría nos cuestan a todos. Nos cuestan en contaminación, nos cuestan en calentamiento global, nos cuestan en destrucción de la capa de ozono (para los vuelos supersónicos) y nos cuestan en seguridad, pues no es imposible que un avión nos caiga encima. ¿Pero qué ganamos con que otros vuelen? ¿Qué ganamos con que una minoría privilegiada pueda volar?

En la conferencia de prensa del 7 de noviembre se cuestionó que la avioneta de la PGR estuviera en esa ruta de aterrizaje. Debió aterrizar en Toluca. Los funcionarios respondieron que esa regulación se hizo cuando el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México estaba saturado y que, además, la misma regulación incluye excepciones, por o que no fue ilegal que la avioneta siguiera esa ruta. Además, las regulaciones no se hicieron por motivos de seguridad sino par una saturación que ya no está vigente desde que se abrió la terminal 2 y se usó más el aeropuerto de Toluca. O sea que la avioneta siguió las normas establecidas, pero, ¿son estas normas las correctas? ¿buscan proteger a todos o privilegiar a los privilegiados?

Cualquier reglamento que permita que caigan avionetas sobre las personas debe ser revisado. Entre las hipótesis de lo que pasó el 4 de noviembre existe la posibilidad de que el jet que venía adelante de la avioneta haya generado una estela de turbulencia que hizo caer a la nave. De ser así, se necesita que se modifiquen las normas para evitar que esto vuelva a suceder, pero para eso es necesario que los políticos dejen de pensar en ellos y piensen en la gente. La tragedia no es Mouriño, la tragedia son las víctimas en tierra. Mouriño representa a la clase política que participó en el funeral de estado. Las víctimas en tierra nos representan a todos, pues todos corremos el mismo riesgo. Sólo una pequeña minoría vuela en avionetas. Todos transitamos en tierra. A pie, en burro, en bicicleta o en coche, todos corremos riesgos para que una minoría vuele ¿qué hará esa minoría por nosotros? ¿un funeral de estado para ellos y una que otra palabrita de cortesía para las víctimas en tierra? ¿y si resultara que la culpa fue del piloto? ¿funeral de estado para el responsable y retórica para las víctimas inocentes?

¿De veras era asunto de seguridad nacional el que Mouriño aterrizara en la ciudad y no en una pista de las afueras? ¿O será que la comodidad de los políticos está por encima de la seguridad de las personas? ¿En quién pensaron cuando decidieron aplicar las excepciones que permitieron que esa avioneta aterrizara en la ciudad de México? Si fue un accidente queda claro que el riesgo que corrieron los funcionarios al volar le costó la vida a personas que sólo vivían sus vidas sin meterse con nadie. Pero si resultara que fue un atentado ¿en qué piensan los políticos que saben que pueden sufruir atentados y que sobrevuelan una de las ciudades más densamente pobladas del mundo? ¿por qué no aterrizan en lugares menos poblados? ¿por qué ponen en peligro las vidas de los inocentes?

En la avioneta no hubo víctimas inocentes. En la avioneta hubo un grupo de poderosos que gozan de beneficios privados a costa de riesgos públicos. Eso no es inocente.

David Benavides Velázquez

Oct 1, 2008

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Dos de octubre sí se olvida.

Por toda la ciudad había letreros en las calles. Unos eran del gobierno para promover las olimpiadas y decían “Todo es posible en la paz”. Otros muchos decían “Muera Cueto”. Lulú fue atacada por una banda en la Colonia Portales, la asaltaron y trató de presentar una denuncia. Le dijeron que mejor ni le moviera, que los de esa banda eran familiares del jefe de la policía, Luis Cueto Ramírez. Si presentaba la denuncia le iba a ir peor, era una familia poderosa, dueños de los Funerales Ramírez, que todavía, cuarenta años después, siguen allí en Portales. Yo tenía siete años de edad, en una pared del patio del Colegio Williams escribí con gis lo que se veía en las calles y se escuchaba en las pláticas de muchos jóvenes (incluidos mis hermanos): “Muera Cueto”. Otro niño se enfureció al ver el letrero (que poco después ya no estaba). Me sorprendió que alguien se enojara por lo que era vox populi. Yo no estaba en edad para entender que los criminales en el gobierno tenían dinero para pagar la colegiatura en uno de las mejores escuelas de México y convertían a sus hijos en compañeros de otros niños que llegaron a esa escuela por otros motivos: porque sus padres se esforzaron para darles la mejor educación, o porque, como en mi caso, el Colegio les daba beca.

Recuerdo los tanques en la calle, la cara de angustia de mi hermana al ver pasar los camiones de granaderos. Recuerdo lo que dijo la prensa servil (“Los estudiantes abrieron fuego”). Recuerdo que en ausencia de Díaz Ordaz la orden sólo puedo venir de Echeverría (secretario de gobernación). Recuerdo que el mismo Echeverría era presidente cuando asesinaron estudiantes el 10 de junio de 1971. Yo ya tenía diez años, mi hermana me llevó a ver los agujeros de bala en le frontispicio de la Normal. Me explicó como fue la masacre, pero el 10 de junio también se olvida.

Del 68 recuerdo el estacionamiento de la Facultad de Filosofía y Letras lleno de personas hiperactivas. Recuerdo la calcomanía que pusieron en el coche de mi cuñado: “Te damos gracias, señor presidente, por el macanazo nuestro de cada día”.

No había más que de dos sopas: estabas con el gobierno o con los estudiantes. Era normal oír eso entre niños de primaria como si se hablara de futbol “¿Le vas a los soldados o a los estudiantes?

Uno de los líderes estudiantiles, Luis González de Alba, relata que al explicar las causas del movimiento había algo que le sonaba extraño a los extranjeros. Mientras en París los estudiantes se rebelaban contra el orden establecido, en México se estaba pidiendo que el gobierno acatara el orden establecido por la Constitución, que dice que “Nadie puede ser molestado en su persona, familia, domicilio, papeles o posesiones sino en virtud de mandamiento escrito de la autoridad competente que funde y motive la causa legal del procedimiento”. El gobierno violaba sistemáticamente las garantías individuales consagradas por la Constitución. Las demandas estudiantiles hubieran quedado satisfechas si tan solo el gobierno hubiera cumplido con el derecho vigente.

¿A quién le vas, a los estudiantes o al gobierno? Porfirio Muñoz Ledo le iba al gobierno, Cuahutemoc Cárdenas le iba al gobierno. López Obrador era un niño de secundaria, pero luego se afilió al partido del gobierno y demostró claras simpatías por Luis Echeverría.

Los mitoteros de hoy salen a la calle a manifestarse por el dos de octubre, pero no se plantan (salvo algunos pocos) frente a la casa de Echeverría, no se plantan frente a los funerales Ramírez, no se plantan frente a la casa de Muñoz Ledo. Van y gritan groserías en el zócalo contra un presidente que iba en primero de primaria cuando ocurrió la masacre y que luego se afilió al único partido con registro que en 1968 se manifestó claramente en contra de la represión (el partido comunista no tenía registro, por lo que el PAN fue el único opositor con registro durante el sexenio de Díaz Ordaz)

El 2 de octubre de 1968 sí se olvida y el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla. La muerte de jóvenes en el New’s Divine fue causada por policías que violaron las garantías individuales (artículo 16 otra vez, como en el 68). Lo que allí pasó fue responsabilidad de un gobierno hecho de expriistas, un gobierno del partido en el que milita Muñoz Ledo. Nada nuevo bajo el sol.

David Benavides Velázquez

Sep 28, 2008

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¿Un soldado en cada hijo te dio?

Es posible derrotar al terrorismo en México. Se trata de un terrorismo interesado en el dinero, así que bastaría con quitarles lo que quieren y darles lo que no quieren. Puede parecer obvio, pero no todo terrorismo es tan fácil de combatir. Cuando Felipe González, expresidente de España, comentó los atentados del 11 de septiembre de 2001, dijo que él había enfrentado problemas de terrorismo en España, pero que el terrorismo islámico era muy diferente, pues los militantes de la ETA temían a la cárcel y se hacían débiles ante la posibilidad de pasar el resto de sus vidas en prisión; en cambio, los musulmanes que estrellan un avión contra una torre saben que van a morir y no les importa. Contra un fanático dispuesto a morir por su causa no hay sanción que valga. Incluso contra un militante de la ETA es difícil hacer labor preventiva. Cuanto más creen tener la razón menos les disuade la amenaza de la ley; sólo cuando ya están en la cárcel se muestran débiles y dispuestos a cooperar. Pero con los narcos y con los secuestradores no hay ideología o religión que los motive a seguir adelante. Su motivación es un simple, egoísta, rastrero, comodino y mundano interés por el dinero y el poder. Sus alardes de prepotencia no proceden de la fuerza sino de la debilidad. Ellos, a diferencia de la gente honesta, no soportaron la idea de estudiar y trabajar en algo productivo. Buscaron el camino fácil porque no pudieron con el camino recto.

Algo parecido sucede con los políticos: no soportaron el duro trabajo que le da de comer a la gente honesta y prefirieron una profesión en la que el chisme, la difamación, la calumnia y la mentira le dan de comer a los que no trabajan. Si “gandul” es el que vive sin trabajar y “gandalla” es el diminutivo arcaico de “gandul” puede decirse que políticos y delincuentes son igualmente gandallas. Pero en una sociedad civilizada no se puede soportar mucho agandalle. La civilización requiere de orden y de respeto a los derechos de las personas. Históricamente este orden se ha logrado cuando el más gandalla de los gandallas toma todo el poder y monopoliza el uso de la violencia. Esto no es tan malo como suena. Si un gandalla somete a todos los demás ya no le conviene la violencia. Al gandalla supremo le conviene más que todos trabajen de manera productiva y le paguen una parte del producto de su trabajo. Cuando la sociedad progresa, el gandalla se enriquece y para enriquecerse más requiere de que haya orden y progreso. Así surge el “Estado histórico” que poco a poco evoluciona hasta separar los poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) mientras compartimenta los niveles de gobierno (federal, estatal y municipal). Si todo sale bien, se forma un sistema de pesos y contrapesos que reparte el poder entre muchos gandallas que se cuidan unos a otros. Cada gandalla quiere más poder a costa de los otros, así que los vigila para atacarlos en cuanto se pasan de gandallas.

La democracia no sirve para elegir al mejor y ponerlo a gobernar sino para repartir el poder.

La idea de que gobierne el mejor es un contrasentido. Los mejores no gobiernan sino que trabajan. El gobierno es para los gandallas, o sea para lo peorcito, para la escoria de la sociedad.

Las personas honestas no son tontas cuando dejan que otros gobiernen. Es bueno que alguien se encargue de gobernar para que los demás podamos trabajar en paz. Pero la primera función del gobierno es garantizar la seguridad de la población. De esa obligación surge el concepto mismo de “Estado” y por eso dice Hegel que el Estado tiene el monopolio del uso legítimo de la violencia. Siempre habrá gandallas, pero si le damos a un grupo de gandallas el poder de controlar a los demás gandallas el problema se minimiza.

Con el atentado terrorista de Morelia (15 de septiembre de 2008) la sociedad mexicana se enfrenta con un problema de ineptitud de su clase gobernante. Los tres principales partidos políticos demostraron su ineptitud. Un municipio con presidente priista en un estado con gobernador perredista de una federación con presidente panista sufre por uno de los peores atentados terroristas en la historia reciente de México. Si se atiende a la definición de “terrorismo” se puede comprobar que el de Morelia no es ni con mucho el primer caso de terrorismo en México. Durante la época del PRI hubo terrorismo de Estado y terrorismo de guerrillas. En años recientes ha habido bombazos en bancos y petardos en borlotes de jóvenes. Todo esto se ajusta al concepto de terrorismo, pero lo de Morelia tiene matices propios y uno de los más preocupantes es que el Estado, a falta de inteligencia y fuerza, pretende que seamos nosotros, los ciudadanos, los que cerremos filas. Es como si alguien me cobra por leerme un libro y luego me dice que no sabe leer, que lo lea yo. Si le reclamo, quizá se haga la víctima y me diga que no tuvo las oportunidades que yo tuve para aprender a leer y que si le reclamo por eso lo estoy discriminando por su analfabetismo. Pero el problema no es que él argumente su analfabetismo para no leer, el problema es que él me cobró por leer y no cumplió.

Los gobiernos (federal, estatales, municipales, delegacionales y del D. F.) ya nos cobraron impuestos. Ya nos cobraron por garantizar la seguridad. Ahora deben cumplir.

La guerra contra narcos y secuestradores no debe tomarse como pretexto para invocar aquello de que “Mas, si osare un extraño enemigo profanar con tu planta tu suelo, piensa, ¡oh Patria querida! que el cielo un soldado en cada hijo te dio”. Esta guerra es un asunto del Estado. Lo malo es que el Estado no permite que el poder llegue a manos de personas honestas e inteligentes, de manera que carece de esas dos armas (la honestidad y la inteligencia). La población puede contribuir con ideas que los políticos no son capaces de concebir (a fin de cuentas “la política es algo demasiado serio como para dejarla en manos de los políticos”), pero el trabajo pesado en la lucha contra la delincuencia es asunto de los políticos. Para eso les pagamos.

David Benavides Velázquez.

Sep 10, 2008

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El concurso de Felipe Calderón

Nos convoca el presidente de la República a un concurso para denunciar el peor trámite que tenemos que hacer, ¿habrase visto mayor cinismo? Lo que comenzó como una traición se convierte ahora en una burla. Me explico: cuando Felipe Calderón era candidato a la presidencia de la república ofreció simplificar la declaración de impuestos al grado de que ya no sería necesario consultar a un contador. Pero al llegar al poder hizo exactamente lo contrario. Muchos de los que declarábamos IVA e ISR por honorarios ya no necesitábamos consultar contador, la declaración por internet que nos dejó Fox era muy sencilla. Pero llegó Calderón y nos impuso el IETU, que, más que un impuesto, es una forma de terrorismo fiscal. La declaración de impuestos se complicó tanto, que yo ya nomás estoy esperando que me metan a la cárcel por no llenar bien cada renglón de cada “declaración de conceptos”. Espero que en la cárcel, al menos, ya no tenga que declarar impuestos.

Para declarar el IETU no basta hacer el cálculo y pagar; además hay que “declarar conceptos”. O sea que aún después de pagar todavía hay que hacer más trámites. Un profesor de una secundaria particular que gana 60 pesos por hora ante grupo y que cobra por honorarios no tiene prestaciones (ni IMSS ni ISSSTE), tampoco tiene jubilación ni prima vacacional, pero en cambio tiene que declarar (y pagar) IVA, ISR y, ahora, IETU. Pero con el IETU no basta declarar y pagar, después hay que “Declarar conceptos”.

¿Cuál es el objetivo de los trámites engorrosos? Según los estudios que ha publicado Transparencia Mexicana los trámites engorrosos sirven para crear nichos de corrupción. Es prácticamente imposible que un ciudadano de buena fe esté al corriente de todas sus obligaciones, así que en cualquier momento puede caerle un inspector, auditor o policía que le señale su falta y le cobre una mordida para dejarlo en paz. Parte de esa mordida va a los mandos medios y superiores hasta llegar al capo di tutti capi, al jefe de la mafia, que durante la época del PRI era siempre el presidente de la República. El cinismo de Calderón me hace pensar que pretende volver a lo mismo. Y lo seguiré creyendo hasta que alguien me demuestre (no me diga, me DEMUESTRE) lo contrario.

Por mi parte, tras muchos años de dar clases en dos universidades, estoy considerando la posibilidad de renunciar a una de ellas y buscar la forma de incorporarme a la economía informal. Es la única manera de escapar del IETU. Sin embargo, no trato de escapar al pago de impuestos. Estoy convencido de que todo ciudadano debe contribuír para sostener las finanzas públicas. De lo que pretendo escapar no es del pago de impuestos sino de la tramitología criminal y del terrorismo fiscal de Felipe Calderón.

Por cierto, ojalá que el lector incidental de lo que acabo de decir revise lo que he escrito anteriormente en entretres.com y se abstenga de catalogarme como senderista del peje o como promotor de la rebeldía. Si alguien está en desacuerdo conmigo, me encantaría ver las pruebas de que estoy equivocado.

David Benavides Velázquez

Sep 3, 2008

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¿Centralismo chilango o prepotencia del PRID?

Se han impuesto nuevas restricciones a la circulación de vehículos foráneos que entren al Distrito Federal y sus zona conurbada. Un ciudadano honesto que viaje en su coche mil kilómetros para hacer un trámite en el Distrito Federal ya no sólo es víctima del centralismo que le impidió hacer ese trámite cerca de su domicilio o a través de la internet, sino que ahora se puede ganar una multa por haber entrado a la gran ciudad en horas prohibidas. Esto pude verse como una forma de discriminación. Habría que denunciarlo ante la CONAPRED. El problema es que la CONAPRED tiene sus oficinas en el Distrito Federal.

Desde luego, quien tenga un coche en buen estado puede invertir una cantidad de dinero en llevarlo a verificar para que le den el holograma y ya pueda entrar a la Ciudad Prohibida. Si lo hace, podrá constatar que los camiones de basura, con el logotipo del Gobierno del Distrito Federal (“GDF”), sueltan una cantidad de humo que recuerda las fábricas de Londres en la revolución industrial (o las chimeneas de Mary Popins, pa’que me entiendan en el GDF). Además, aunque traiga holograma y toda la documentación en regla, cuando los policías le vean la placa foránea lo detendrán para sacare mordida al estilo News Divine (donde detuvieron por igual a víctimas y a victimarios, violaron sus garantías individuales y los trataron como delincuentes).

En un estado de derecho, la autoridad no puede actuar por ni por conveniencia personal ni por capricho, sino que tiene que actuar de acuerdo con leyes elaboradas por órganos legislativos que se integran por representantes elegidos en urnas que recogen el voto libre, popular y secreto de los ciudadanos. De esta manera, y sólo de esta manera, el pueblo manda.

En su columna del lunes 25 de agosto de 2008, Luis González de Alba señala algunas de las violaciones a la ley que hacen o han hecho el PRD y el PRI (“Aliados como PRID”). No se puede esperar que ellos apliquen la ley de manera democrática cuando ellos son los primeros en violarla. La aplicación democrática de la ley es pareja, sin excepciones, sin privilegios.

Habría que castigar en las urnas a quienes violan la ley, pero ¿cómo?. El PAN, que en sus orígenes buscaba difundir la cultura democrática, no usa su presupuesto para explicare al pueblo por qué es mejor tener un estado de derecho que andar pagando mordidas. En materia de educación, lo más notorio del PAN es su alianza con el PANAL, para hacer un bolillo enmielado comparable al PRID. En la alianza PAN-PANAL y en la alianza PRID están muy ocupados agarrando “huesos” políticos y no tienen tiempo de ocuparse de las garantías individuales. De los otros partidos con registro a nivel federal ya no queda ninguno que nunca se haya aliado con los tres grandes. Ya no hay una verdadera “Alternativa”. Aunque sea en alguna elección local, todos han caído en alianzas sucias.

México ya ocupa el primer lugar del mundo en número de secuestros. Al exterior podría parecer que somos un país de delincuentes. ¿Somos?

Del mismo modo, los habitantes del Distrito Federal podríamos aparecer como centralistas y discriminadores ¿somos nosotros o es el PRID-PAN-PANAL?

David Benavides Velázquez